Tras la crisis Internacional, el sector de los contenidos digitales gana importancia y hoy en día es una industria consolidada. Sin embargo, pese a su buen estado de salud, en el desmotivador clima de incertidumbre económica actual, se sigue midiendo la contribución económica al PIB tomando como referencia un modelo de producción que ha desaparecido. En este escenario, la Industria de Contenidos Digitales, no nace, sino que evoluciona como uno de los pocos baluartes de la economía global para las próximas décadas. Las entidades bancarias podrían ser una de las máximas beneficiarias si no fuese porque los directivos de la banca siguen respondiendo ante consejos de administración que piensan que la crisis actual es “coyuntural”. Estamos asistiendo a la desaparición progresiva de la banca tradicional que se verá forzada a reciclarse.

De hecho, es curioso lo mucho que pueden tardar en darse cuenta de que “su modelo” ha cambiado por más que se empeñen en asaetearnos a comisiones tendrán que buscar otros medios, a ser posible, legales de “sacarnos” el dinero.

En este teatro de operaciones tan desolador como el campo de batalla tras la contienda el comportamiento de la Industria de Contenidos Digitales ante la crisis Internacional ha sido más que positivo en comparación con la mayoría de los sectores tradicionales. Si incluimos este dentro del más amplio sector TIC, 2008 supuso un estancamiento frente al periodo anterior y sin embargo la cifra global del mercado arrojó la nada desconsiderada suma de   77.431,5 Millones de euros.

Con esta situación, todos los países del mundo andan preocupados por encontrarse con ese nuevo modelo productivo que nunca van a encontrar porque para llegar a él hay que arriesgar. El nuevo modelo debe estar forzosamente basado en una fórmula que genere valor añadido. Hay que encontrar, apoyar y consolidar  un modelo viable que aúne productividad, competitividad, creatividad e innovación. Productividad, porque las TICS aportan 7,07% del PIB y generan 350.000 empleos (Informe TIC. Asimelec 2009). Competitividad, porque a través de la creación de contenidos digitales como el cine digital, la televisión por Internet, los video juegos, la música, los portales de noticias o las revistas online se generan contenidos propios y diferenciados identificadores de nuestra cultura pero a la vez con un tremendo potencial exportador. El mercado local, antes de la crisis ya era pequeño, ahora a la luz de los nuevos acontecimientos todavía más. Los contenidos digitales están asociados a la creatividad porque es en el ámbito de la creación artística radica su potencial generador de recursos económicos a través de la gestión de derechos de propiedad intelectual. Por último, innovación, porque o innovamos o nuestro producto o servicio será, en el mercado Internacional, “uno más”.

 

La música y el sistema

agosto 4, 2009

Sin mentar el tema piratería, tan debatido en los últimos meses; sin mencionar tampoco la tiranía del mercado discográfico monopolizado por un puñado de empresas multinacionales que concentran más del 80% de negocio de la música; sin denunciar tampoco aquí la precariedad de la moda musical ni tampoco las injusticias de una ley que no distingue entre estrellas y los que malviven de sus ilusiones, me gustaría aportar desde la visión de uno de tantos profesionales que un día se dedicaron a este negocio, el de la representación de artistas.

Artistas o candidatos todos ellos y en su mayoría a una ilusión con la que muchos viven y que muy pocos conocen. La parte más real, aquella que en el mundo anglosajón todos conocen con el nombre de show business o negocio del espectáculo.

Ante la avalancha creativa, innovadora y original de los nuevos autores nos enfrentamos a diario con la difícil tarea de seleccionar y a veces sacrificar la calidad por la necesidad de mercado que, en definitiva, no es sino responder a la “terrible” pregunta ¿qué quiere la audiencia?

En la actualidad la necesidad de mercado se circunscribe a lo que “echan en la tele” sin importar mucho la calidad. A nadie sorprende que el fenómeno del reality show haya triunfado en todos los países de nuestro entorno. A esta metáfora de la sumisión a los dictados de un ente superior es a lo que me refiero. Se da la paradoja de ver como desde cualquier entidad privada o pública, lo más preocupante, se apoya no la creación artística en definitiva la cultura del talento por otra que, en verdad, es la que demanda la masa. Todos, instituciones, ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas, sucumben a la foto entendida como poder mediático llegando al punto de no existir vida económica, forma de vivir de tu talento o creación musical fuera del “circuito” por ellos creado y a menudo duplicado.

Antes de la conversión de la música en industria, existió un tiempo en el que la música era un arte que se creaba para el disfrute. En la antigua Hélade, una ciencia hermética que conectaba al hombre con los dioses.

Por desgracia, el momento actual invita a replantearse la cuestión con seriedad pues nos hallamos frente a la banalización de los bienes de interés cultura que son condenados a la marginalidad por aquellos que debieran encargarse de su protección.

El fenómeno OT puso sobre la mesa falsas carreras de artistas cuyas vidas fueron seguidas por cientos de miles de espectadores que participaban y veían las carreras de sus hijos catódicos. ¿Adoptar un niño en Rusia? ¿Para que´?  Adoptemos un niño “artista” que nos sale más barato, consume poco y además entretiene a toda la familia. Y es que el dominio del marketing televisivo, al contrario que el bancario (inexistente), esta muy desarrollado y  se ha convertido en el nuevo oráculo de Delfos al que todos quieren consultar para ver su futuro. Si el “niño” funciona en televisión también lo hará en la vida real ¿verdad?

El resultado de tan nefasta contribución a la cultura se reduce a vagar como sombras con un proyecto de calidad llamando de puerta en puerta y recibiendo como única y repetida respuesta unas diáfanas migajas como “no es exactamente lo que estamos buscando”. Pero me pregunto ¿qué demonios estáis buscando?.

Una retórica pregunta que también tiene lógica respuesta por parte de la industria que como tal esta obligada a rentabilizar al máximo su ejercicios anuales aunque para ello tengan que sacrificarse a las exigencias de un mercado tan cambiante y populista como el panorama musical español.

La solución, si existe esta, no pasa por la unión de las discográficas al carro de los más vendidos sino en la globalización del mercado musical en toda su dimensión artística. Una apuesta decidida y sin ambages por el fenómeno musical como parte integrante del acerbo cultural. No podemos considerar a la música como una simple mercancía aunque para la industria discográfica lo sea. Lo que no es de recibo, como ya se ha comentado, para los poderes públicos a los que debemos exigir el respeto y salvaguarda del arte evitando que éste sea reducido y considerado en su sola dimensión económica.

Si tras este manifiesto todavía pensamos que, como gentes de a pié, no podemos hacer nada; que las multinacionales y el gobierno de todas formas no harán nada por paliar la situación quiero decir que aún nos quedará, por lo menos mentalmente, el derecho de ser conscientes del problema y reivindicar el respeto a “otra pluralidad”, la pluralidad musical. La música en general y sin limitaciones de calidad como patrimonio cultural y manifestación contemporánea de nuestra sociedad.

Hay que denunciar también la discriminación fiscal, de esta pluralidad, pues la música lleva sufriendo el menosprecio de una Ley de IVA que la graba con el 16% frente al 4% de los libros, aunque la gente no lea. Otro flaco favor al tan polémico tema de la piratería y un flaco estímulo al bolsillo del consumidor.

Paulino Cuevas
12 de enero de 2002
1 de diciembre de 2009

El pasado mes de noviembre se celebró en Edinburgh un curioso Master de Festivales en la que los responsables del Festival de Edinburgh (Edbrá, como lo pronuncian allí) compartirían sus experiencias junto a un panel de unos 40 delegados de 40 países. Entre los ponentes, se encontraba el director del Festival de Edinburgh, Jonathan Mills, quien destacó el papel de los festivales en el desarrollo de las ciudades. Mills, habló de muchas cosas pero me quedé con el principio de que los festivales deben arraigar en el corazón de los ciudadanos. El ciudadano, afirmaba, debe participar y ver que el festival supone un beneficio para la ciudad. En cierto sentido, no le faltaba razón, si los festivales se producen con dinero público estos deberían al menos fomentar la creación de trabajo y/o oportunidades para los habitantes de la ciudad.DSC_5410.JPG

Edinburgh es un buen ejemplo de ciudad que ha sabido cumplir con ese ideario y llegar a sus ciudadanos (el 65% de ellos piensa que los festivales son de gran importancia para la ciudad). Pero además han sabido preparar empresarialmente a las personas con talento e integrar a su mayoría en una ciudad que ha hecho de la cultura una industria asociada al turismo, sin sol ni playas. Una ciudad, en tamaño y habitantes parecida a Málaga pero que, a diferencia de esta, ha diseñado una política cultural transparente en la que la participación ciudadana, el turismo y la cultura son objetivos políticos trasversales. Edinburgh sabe gestionar como un activo más de la ciudad la potencia turística – cultural de sus 12 festivales sin necesidad de mentar a ninguno de sus muchos insignes edimburgueses como Tony Blair,  David Hume, Sir Arthur Conan Doyle, Robert Louis Stevenson, Sir Sean Connery o J.K. Rowling.El Festival Internacional de Edimburgo atrae todos los años a miles de turistas, que en el mes de agosto se dejan en la ciudad unos £100 millones. Los 13 millones de turistas que visitan Edinburgh al año son atraídos entre otros activos por su excelente oferta cultural porque Edinburgh en agosto pertenece a los artistas

Y con lo fácil y gratis que es aprender aún me sorprendo de porqué Málaga, no dirige su mirada al exterior. La ciudad, en mi opinión, ha perdido la capacidad para aprender. Ha llegado el momento, el mismo que ya llegó hace años, pero que en Málaga siempre llega tarde. El momento de que algunos de los que dirigen el destino cultural de la ciudad salgan a estudiar las experiencias de otras ciudades porque el turismo, como la construcción, también puede irse al suelo. Pero seguimos ¿soñando? No hace mucho se nos decía que Málaga era, la quinta capital de España, aunque nadie precisara en qué. Aunque así lo fuera, cosa que dudo, no podemos olvidar que como he dicho se podría acabar el “chollo”. Es importante salir, confrontarse con uno mismo, poner en perspectiva su ciudad y ver que no tenemos las mejores playas del mundo, ni el mejor clima, que ni Picasso, ni Banderas podrán seguir sosteniendo eternamente el orgullo malagueño porque es importante saber donde estamos para poder mejorar.En cualquier caso para muchos malagueños a pesar de todo seguimos siendo mejores que Edinburgh. ¿Será verdad? Tenemos actividades culturales a lo largo de todo el año, disfrutamos de una ciudad agradable, unas infraestructuras aceptables, unas gentes generalmente encantadoras y una estupenda climatología pero no hemos sido capaces de ilusionar a los ciudadanos, crear artistas, desarrollar una industria creativa y hemos fracasado estrepitosamente porque tampoco hemos conseguido generar audiencias porque o se dedican esfuerzos coordinados a educar a los niños, a la gente joven, en definitiva, al público.

Matizo esfuerzos coordinados porque en Málaga a menudo se observa como cada uno va a lo suyo, en la especialidad de “duplicar esfuerzos”, sin preguntar, como si todos entes públicos y privados, especialmente los primeros, ostentasen desde su posición de despacho un conocimiento infinito e infalible. Infalibilidad muy peligrosa porque no es permeable a las grandes ideas que pocas veces surgen de las intrigas políticas. La  creatividad, esta demostrado, necesita de un entorno mucho más distendido, mucho más relajado al contrario que “copiar grandes ideas” que pueden ser fruto de tales intrigas.

DSC_54411.JPGComo no quiero irme por las ramas terminaré volviendo a Edinburgh, donde notamos la diferencia de una política del bien superior cultural que no “cutrural” de puertas abiertas que llevó al Consistorio de la ciudad a interesarse por dos delegados, mi socio Fabricio Chavarro y yo, provenientes de Málaga para que le habláramos de nuestras experiencias sobre Festivales y de Málaga Candidata a  Capitalidad Europea de la Cultura . George Grubb, Alcalde de Edinburgh, vio en nosotros una oportunidad de aprender e intercambiar información sobre política cultural asociada a la economía en España y, como no, interesarse por el número y calidad de los festivales que se desarrollan en la ciudad de Málaga. El Alcalde, acompañado en todo momento por el concejal de cultura y el de turismo nos explicó: el turismo se ha hecho fuerte con la cultura, o la cultura se ha hecho fuerte en el turismo que viene a ser lo mismo porque lo que interesa a esta ciudad es atraer visitantes y aunar esfuerzos. Señores del Consistorio malagueño pero… ¿tan difícil es entender esto?